Yo sí creo en el destino. Algun día os hablaré sobre mi parecer al respecto, pero os traigo una leyenda relacionada con este tema y que encaja bastante bien con mis ideas…

Esta leyenda procede de la mitología china y japonesa, y por ello, la creencia en ella se da en Asia Oriental. El texto en el que se basa es el siguiente:

«Un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. El hilo se puede estirar o contraer, pero nunca romper».

La leyenda cuenta que los dioses atan un cordón rojo alrededor de los tobillos (en el dedo meñique, según la cultura japonesa) de los que han de conocerse en una situación o ayudarse. Las dos personas unidas por este hilo rojo están destinados a ser amantes, independientemente de la hora, lugar o circunstancia. Este cordón mágico se puede estirar o enredar, pero nunca romperse. Es invisible al ojo humano pero mantendrán, a las personas que están destinadas, unidas por siempre a pesar de los giros de la vida, obstáculos… etc.

Existen dos historias populares que reflejan todo lo que os he contado anteriormente.

La primera trata de un anciano que vive en la luna y que, cada noche, sale en busca de las almas presentes en la tierra que están destinadas a juntarse. Cuando encuentra esas dos almas que son la una para la otra, las ata con un hilo rojo para que no se pierdan.

La segunda historia es la siguiente. Un emperador de China, ante la noticia de que en una de sus provincias habitaba una bruja que tenía la capacidad de saber quién estaba destinado a quién, la mandó a llamar para saber quién sería la mujer de su destino. La bruja accedió a decírselo y siguió un “hilo rojo” que lo llevó hasta un mercado en la calle, donde una campesina vendía productos con un bebé en brazos. El emperador, indignado por estar “atado” a una simple campesina, mandó a matar a la bruja, creyendo que lo que le había dicho no podía ser verdad, y empujó a la campesina junto a su bebé, el cual se pegó en la cabeza y se hizo un corte en ésta.

A los muchos años, cuando el emperador fue propuesto en matrimonio a la hija de un militar muy poderoso, el día de la boda vio a su mujer por primera vez y ésta tenía una cicatriz en la frente. Su futura esposa era aquella pequeña bebé que él mismo había tirado al suelo y que se cortó.

Bueno, espero que os hayan gustado las anteriores historias. Para mí, reflejan muy bien mis creencias sobre el destino, el cual, para mí, existe totalmente, tanto en el amor como en todos los aspectos de la vida, en cualquier detalle… Todo está pensado, todo planeado, y os preguntaréis… ¿Entonces para que esforzarme por algo si en el destino está que lo obtenga? Mi respuesta es que también está en el destino que te esfuerces, ya que todo lo que ocurre está escrito… Por supuesto, también lo pienso respecto al amor, ya que desde antes de conocer a una persona, ella está en tu destino, y seguirás unido a ella, aquí o allí… Si tu relación con esta persona se torna negativa, también está en destino que os separéis, y ese “hilo rojo” no existió pues no era verdaderamente “tu otra persona”, sino que simplemente estaba en tu destino, quizás por una razón (un aprendizaje, por ejemplo). Esa persona a la que las circunstancias siempre te llevan a ella, y en la que existen sentimientos hacia ti y tú hacia ella a pesar de todo y a lo largo del tiempo, es “tu hilo rojo”… es esa persona con la tenías que encontrarte antes o después, aún en una situación absurda o en un lugar en el que ambos no habian estado… Unos estamos conectados con otros, todos tenemos muchas conexiones en nuestro destino, para conocernos… y quizás para pelearnos u olvidarnos, sea la relación que sea, de amistad, familiar… pero el “hilo rojo” es el que jamás se romperá.

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